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LOS CABALLOS MAESTROS

El caballo es símbolo de fuerza, nobleza, libertad y presencia. En su estado natural, es un animal de manada sociable y sensible. Se comunican con un lenguaje corporal muy claro y sutil, y siguen al miembro de la manada que es reconocido porque inspira confianza.

Cuando nos acercamos a ellos y nos reconocen como “interesantes y confiables” nos dan un feedback inmediato muy útil para nuestro autoconocimiento.

Los caballos son grandes maestros.

El caballo históricamente es símbolo de fuerza, nobleza, libertad y presencia. Somos los humanos quienes nos hemos creído que tenemos “derecho” a someter a los seres que nos rodean. Al principio de los tiempos los cazábamos y nos comiamos su carne (aún hoy se crían caballos para carne) luego los hemos domesticado y pensamos que ésa es su función: estar a nuestro servicio. Además, como animales domésticos, han facilitado trabajos en la agricultura, en las guerras, en el transporte de mercancías o personas, e incluso, han permitido que podamos hacer deporte y competir en las más variadas categorías.

 

Pero  el caballo en su estado natural, es un animal de manada sociable y sensible, es precisamente en la manada donde se socializa, aprende reglas de comportamiento y dedica su tiempo a comer casi toda la jornada, a jugar y a disfrutar del contacto físico con otros de su misma especie. Este espacio, es un lugar que garantiza la seguridad frente a los ataques de depredadores y, en ella, se agrupan de dos en dos, o en pequeños subgrupos. Se comunican con un lenguaje corporal muy claro y sutil y reconocen como guia o líder al al miembro de la manada que les inspira confianza

 

Cuando una manada se mueve y todos van al galope, no todos pueden ver al líder y qué quiere comunicar, pero sí pueden sentir la confianza que hay alrededor y esta sensación es la guía, hace que su movimiento sea “armónicamente un todo”. La necesidad de sentir protección y seguridad hace que los caballos disfruten de ese contacto cercano.

Más acerca de los caballos Horsense Spain.

Bribón es la explicación de que algunas personas como yo (Carmen) hayamos experimentado una profunda conexión con un caballo. Os voy a contar su historia.

Bribón llegó a nuestras vidas, junto con Estrella, un caluroso verano de 2009, con 9 años de edad, de raza hispano-árabe y nacido en Sanlúcar de Barrameda.

De gran temperamento, fuerza y belleza. Alfonso Gómez, su propietario anterior y mi maestro en el mundo de los caballos, al que estoy profundamente agradecida, me contó que “su ex-dueño casi me lo regaló porque no podía con él, muy difícil para montar y domar”.

Su capa torda, las crines hermosas y su gran presencia lo llevaron a ser un caballo de espectáculo y así pasó su juventud. Vivía en boxes, entrenaba como un atleta en pistas, recorría las plazas de toros y diversos escenarios, saltaba a golpe de fusta, hacía la corbeta (ese salto en el que el caballo se extiende en el aire completamente a más de 2 metros), el piaffé y otras piruetas, una y otra tarde. Su vida era un estrés continuo, con ligamentos y articulaciones muy tocadas y con reacciones inesperadas ante cualquier ruido.

Os cuento la historia porque Bribón ha sido el causante de mi decisión de dedicarme a la Educación Asistida por Caballos.

Todas las circunstancias se dieron para que, en febrero de 2011, la empresa donde trabajaba me despidiera y yo me tome ese año sabático (una forma más sutil de decir que estaba en el paro). Estresada, arrasada, con un dolor enorme porque me sentía fracasada, culpable de no haber dedicado tiempo a mi marido y mis hijos por ese empleo, angustiada, con mucho miedo al futuro, contraída y enfadada conmigo y con el mundo. Lo único que me motivaba por las mañanas al levantarme era saber que tenía toda la mañana para estar al aire libre, en la cuadra con mi hermoso Bribón, con Estrella y con todos los caballos de la cuadra.

Ahora, con perspectiva hacia atrás, entiendo que fue mi terapia, mi oportunidad de vaciar todo aquello que ya no me servía y ganar espacio para lo que tenía que venir… y vino….

Ya montaba desde hacía un año, tenía muchas horas de “vuelo” encima de caballos….mi cuerpo en ese tiempo se fortaleció enormemente, me encontré con músculos que no sabía que tenía, se pusieron elásticos y fuertes, perdí mucho peso y mi silueta se afinó, mi espalda dejó de doler porque se fortaleció y me convertí en una mujer cerca de los 40 súper fuerte, ágil, equilibrada encima del caballo. Conseguí tener mucho asiento que es como se llama a la capacidad de sentir sensibilidad en la parte del cuerpo que contacta con la silla de montar, el primer chakra.

Paralelamente empecé un proceso de búsqueda de respuestas en formaciones de terapias que me iba aplicando a mi misma: reiki, flores de Bach, meditación, regresión, biodescodificación….. a estas formaciones iba todos los lunes y completé una formación como Terapeuta del Alma con mi maestro Avihay Abohav otro de los guías que me han acompañado en el camino.

Tardé mucho tiempo en establecer una relación armoniosa con Bribón, cuando me aproximaba se ponía nervioso, cuando colocaba el hierro cerraba su boca, cuando quería subir en su lomo se escapaba o cuando montaba se desbocaba…..en fin…llegué a creer que no era para mi. Me sentía retada, examinada continuamente, era una prueba tremenda, todos los miedos e inseguridades estaban en mi en esos momentos, frustración, angustia….muchas lágrimas de niña pequeña derramé…me quejaba y quería encontrar responsables fuera, hablaba y hablaba queriendo entender todo con la mente y el caballo seguía igual, o peor.

Un dia que no olvidaré, le grité al dueño de la cuadra “¿qué le pasa a este caballo que no me hace caso?, estoy harta¡¡¡¡” y él me contestó “Yo te preguntaría ¿qué te pasa a ti?”.

Esa respuesta fue como un jarro de agua fría, a mi, que era tan directiva y tan decidida (creía yo), tan preparada, tan estudiada, tan, tan…..fue una cura de humildad que agradeceré por siempre.

Me fui a casa llorando, al día siguiente volví y me senté en el suelo de la cuadra y estuve allí no sé el tiempo, sin hacer nada, Bribón me observaba y resoplaba, extrañado, cerré los ojos y empecé a sentir la respiración de Bribón más calmada y la mía también, empezó a acercar su cabeza y a olerme, aunque tenía un poco de miedo decidí respirar más y confiar…..se acercó más y puso su cabeza encima de la mía. Me levanté tranquilamente y nos miramos a los ojos…puse su cabezada y salimos de la cuadra….tranquila, confiada, feliz. Ese día disfruté también con su aseo, limpiándolo y peinándolo. Cuando puse ante sus ojos el bocado, olió, yo decidí confiar y pedí que aceptase recibirlo. Abrió su boca y lloré a mares!!! y ahí fue el momento que entendí todo…..

“Sé Tú el cambio que quieres ver en el mundo” , cuando yo cambié el cambió….y ahí empezamos la aventura.

 

Cuando los martes volvía al campo para pasear, montar, limpiar, peinar y alimentar a Bribón, todas las experiencias vividas en la formación del lunes iban calando en mi. Encontraba analogías entre la postura de meditación y la de montar, la presencia y el enfoque de la meditación es el mismo que necesitamos para montar, la escucha interior y la comunicación con nuestro cuerpo de la biodescodificación es la misma que necesitamos para comunicarnos con el caballo….etc etc, y así pasaron mis días…

Tizón es un caballo hermoso, de capa castaña oscura y de raza anglo-lusitano.

Cuando llegó enamoró a toda la familia, de carácter muy diferente a Bribón y Estrella: muy sensible y tímido en apariencia, pero de gran carácter. Llamó mi atención su dorso sensible y la tensión con la monta que, apenas caía sobre su dorso, se precipitaba y se lanzaba a galope desenfrenado. Con él aprendí la importancia de montar con sensibilidad, casi sin riendas, con el asiento suave, muy relajada y tranquila y sobre todo a confiar.

Es un caballo con una historia de trabajo entre toros, con unos anteriores propietarios que lo sometían a mucha presión.

Nunca había estado en libertad en un prado, solamente había vivido en cuadras; recuerdo un día que quedó suelto en el picadero, me miró sin saber qué hacer, y empezó a dar vueltas como si quisiera dar “picadero”, me aparté y después de un buen rato se detuvo, me miró, estiró su cuello y bajó la cabeza. A partir de ahí empezamos una relación diferente.

Actualmente vive con Bribón en semi-libertad en un paddock muy grande. A veces es montado por mis hijos y entonces aparece de nuevo su carácter, aunque, mi hijo mayor ha logrado hacerlo sin hierro en la boca, galopando y trotando, como en un magnífico sueño.

Es un excelente compañero, facilitador en los seminarios porque es extremadamente sensible e independiente y, para establecer una comunicación, tiene que percibir mucha autenticidad, sino huye al otro extremo de la pista, como diciendo “no tengo ganas de presión ni de tonterías”

Estrella es un caballo hermosísimo de Pura Raza Española (PRE), de capa torda que permitió su monta con mucha confianza y con mucha seguridad durante algunos años. Es un caballo tan noble y tan domado que parecía que pedía permiso para dar un salto o demostrar alegría.

Toda la familia disfrutamos mucho con él y fue un gran maestro.

Cuando llegó a nosotros, mi hijo pequeño tenía unos 9 años y fue perfecto por su tamaño mediano para aprender de él y disfrutar muchísimo en el campo.

Pero, la verdad, era un caballo para un amante de la doma clásica y nosotros somos una familia más campera, nos encanta salir al campo y disfrutar, mucho más que la pista. Por eso, en cuanto surgió la oportunidad que alguien dedicado a esta especialidad disfrutara de Estrella, decidimos venderlo.



Otros Facilitadores Maestros

Tamus y Sisón

Son dos caballos de la Ganadería Hnos. Camacho Benítez ubicada en Cabra, Córdoba, España. Ambos son de pura raza española (PRE) y de capa torda, son casi idénticos, parecen gemelos, hermosos y con un gran carácter. Durante un tiempo estuvieron conviviendo con Bribón y Tizón en libertad. Sisón se convirtió en el líder de la manada, de carácter fuerte, una característica maravillosa para enseñar a manifestar determinación y a manejar el miedo que provoca cuando viene galopando como diciendo “aquí estoy yo”. Es muy divertido y genial con los niños, es increíble ver cómo se transforma con ellos y se pone a disposición incondicionalmente.

Ahora Sisón está en otro lugar y queda Tamus que recuerda a un niño caprichoso y travieso, intenta liderar la manada pero a veces no puede. Es muy testarudo y un gran maestro con el que hay que poner en juego el arte de la comunicación desde la autenticidad y la claridad.

Jaleo vive en la sede de la Ganadería Cueva de la Torca, una finca de la Sierra de Cabra (Córdoba, España). Se incorporó a las actividades de Horsense Spain en 2015. Es un caballo tordo hermosísimo y muy expresivo, con él los participantes comprueban la importancia de integrar la energía femenina y masculina para liderar. Sus relinchos siempre traen mucha información.

Jaleo, el semental.

Las manada de Yeguas y Potros

La manada viven en una finca de 600 hectáreas en libertad. Las yeguas son curiosas y muy sensibles. Tienen nombres de flores y son realmente flores hermosas entre las piedras calizas. Algunas de estas grandes madres y maestras son: Tifa, Kala y Brunela. Algunas de ellas son madres de caballos que compiten en doma clásica al más alto nivel

Solamente observar y estar entre ellas es un ejercicio poderoso de no hacer, de “estar sin expectativas” y de comprobar cómo en la naturaleza todo tiene su orden propio, su ritmo y cumple una función. Entre ellas, hemos vivido sesiones emocionantes de práctica de coherencia y de presencia. Entrar en el lugar es “entrar en un espacio sagrado” y debe un máximo respeto.

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