Escribo este post porque estos días estoy preparándome para ofrecer un Seminario con caballos para una empresa. Es El Arte del Liderazgo.

Si. Y lees bien. Digo «preparándome» y no digo «preparando» el material, los elementos, el lugar…

Y ¿sabes por qué?

Pues, a pesar de ofrecer esta actividad hace 7 años, me sigo poniendo nerviosa. Me entra el miedo escénico de no dar con la talla, la inseguridad en mi. Asimismo, me da pánico pensar que ese día llueve o truene (y no tenemos pista cubierta) y mil cosas más….

Sí, tal como lo lees. Así son las cosas y así voy funcionando yo.

La verdad es que, al principio, era terrible. Me ponía tan nerviosa que tenía que tener todo milimetrado y súper controlado.

Ahora, ya tengo una cosa muy clara: de la única que tengo que ocuparme es de mi. Y eso, es lo que más me cuesta.

Te preguntarás…

¿Qué quiero decir con eso de «ocuparme de mi»?

Significa que mi mente es poderosa y mi ego, ese que está programado para juzgarme y culparme, y la otra en mi, estos días están todos «desatados»…Si. Todos cobran protagonismo.

Y, así como creo que sucede a las grandes actrices que van a salir al escenario, yo sigo sufriendo el miedo escénico.

Y es que ofrecer un Seminario asistido por caballos es algo así como dirigir una orquesta sinfónica con la diferencia que lo hago al aire libre (y el tiempo cuenta ), que mi equipo son casi todos caballos o yeguas (que viven en su mundo y tan ricamente) y que el público (los participantes) pocas veces saben a qué vienen, o vienen con unas altas expectativas…

Y que conste que esto que escribo es desnudarme y abrirme en canal. Pero necesito hacerlo como ejercicio para sacar todos esos demonios que están ahí y mandarlos a tomar viento fresco. Porque al contrario de lo que puedas pensar, lo disfruto y mucho (parece contradictorio pero es compatible).

Y aquí el detalle.

Cuando…

  • voy por esos caminos llenos de baches y polvo a encontrarme con el lugar;
  • estoy con la manada, en silencio, observando, haciendo fotos, videos y respirando aire puro;
  • cuando hablo y comparto con los dueños de las fincas que voy recorriendo;
  • cuando tengo que coordinar con mi asistente el mejor lugar para grabar los mejores planos de los caballos y de los participantes;
  • presento el producto al cliente y cuando me confirma que sí que lo contrata. Si. ¡Lo sigo disfrutando!;
  • me llega la transferencia bancaria;
  • llega el día mágico del Seminario y los caballos se ponen a disposición y todo fluye;
  • me llega un mail dándome las gracias;
  • después de un tiempo me recomiendan o re-contratan.

Me encanta esto de escribir como va saliendo…

Porque acabo de caer en la cuenta que ya es hora. Ya es hora de dejar de «sufrir» para sólo «disfrutar» cada momento de esta maravillosa profesión. Yes!!

¡Gracias por leerme y gracias por seguir ahí!